Vida fuera del trabajo
El Dr. Sola está casado con la Dra. Marta Rogido, también una Pediatra Certificada por el Board de Medicina Neonatal-Perinatal.
Sus hijos son Mariana, casada con Agustín Pinto, Carolina, divorciada de Mauro Blanco, Augusto J., casado con Magdalena Wüst, e Ignacio Sola, casado con Soledad Querol. El Dr. Sola tiene cinco nietos entre dos y once años que son, Michelle Blanco; Pedro, Mateo y Guadalupe Pinto; y Augusto Sola. Las fotos más recientes los muestran juntos y disfrutando la vida con el abuelo.
Un abuelo feliz de cinco nietos
Algo muy interesante es que Michelle (11 años), Pedro (5) y Guadalupe (2) nacieron con serios problemas. Los tres requirieron de distintos tratamientos dentro del cuidado intensivo neonatal (UCIN) pero Michelle y Guadalupe requirieron de cuidados especiales una vez fuera de la UCIN. El Dr. Sola estuvo despierto ‘algo más de una noche’ para poder brindarles el cuidado, no sólo como abuelo sino como médico experto en esa especialidad. El considera que estas experiencias le permitieron mejorar sus prácticas, entender mejor el significado de los detalles para lograr mejores resultados dentro del cuidado de la salud, y la importancia de que el cuidado en la UCIN se centre o esté orientado a la familia. Él siente que por esta razón, como por razones desconocidas, eligió ser neonatólogo muchos años atrás. (Agradecimientos »)
Michelle, Pedro y Mateo listos para jugar
El Dr. Sola ya ha dado varias conferencias sobre el “El Cuidado Intensivo Neonatal visto por un Director de Neonatología con 24 años en este cargo y Abuelo de Tres Recién nacidos enfermos.” Se siente bendecido por haber podido ayudar a sus hijas como a sus nietos en estos momentos, tanto como abuelo, padre, y como neonatólogo bien entrenado. El Dr. Sola considera esto como el mayor premio que la vida le dio, por encima de sus éxitos y contribuciones dentro de su carrera profesional, Al Dr. Sola le gusta ser participe de la educación, y esto ocupa gran parte de su vida fuera del trabajo. Sus actividades educativas son varias y están aquí listadas.
Mariana y Michelle “hacen posar” a
los otros cuatro
En su juventud, el Dr. Sola solía jugar al football como wing izquierdo, y al rugby como medio scrum. Dos grandes amigos, Juán de Elía y Freddy Magnasco, le enseñaron a andar a caballo. Juán también lo introdujo al polo en la Estancia San Martin. Tanto Juán, como su familia y parientes le prestaron caballos a Augusto para que pudiera jugar. Pero el Dr. Sola nunca se convirtió en un excelente jugador de polo, pero sí jugó con sus amigos en campeonatos de bajo handicap. Mariano Gutiérrez, conocido como ‘Pepino’, tío de Juán, y el primer suegro de Augusto Sola, era en su momento un conocido jugador de polo, quien le dió algunos consejos y “clases privadas de polo.”
Una vez graduado de la Universidad de Medicina, el Dr. Sola no jugó al polo durante más de 20 años. Volvió a jugar debido a una historia de amor, amistad, de cuidados médicos, y de gratitud. Resumiendo, durante el proceso de volver a Argentina, (leer el resumen de la carrera del Dr. Sola) en Diciembre de 1981 nació Michelle, el primer prematuro que el Dr Sola cuidó en la Argentina. Ella pesaba menos de 1.200 gramos y nació con una insuficiencia respiratoria significativa que muy probablemente la llevaría a la muerte.
La familia Sola
Por esos días, no había en la Argentina equipos para la ventilación asistida, ni personas entrenadas en ventilación neonatal asistida, y tampoco enfermeras entrenadas dentro de la neonatología para ello. El Dr. Sola armó un viejo equipo de respiración artificial para asistirla y permaneció junto a esta recién nacida durante una semana consecutiva, día y noche. Mucha gente ayudó y aprendió, siendo ésta una iniciación de la organización del cuidado respiratorio neonatal en Buenos Aires, Argentina.
Michelle sobrevivió y meses más tarde pudo volver a Norte América, ya que su madre es ciudadana americana y sus padres vivían allá. Habían viajado a la Argentina por unas semanas, ya que el padre de Michelle tenía que jugar el Abierto Argentino de Polo, el mejor campeonato a nivel mundial. En ese momento el padre de Michelle estaba creciendo como estrella de polo y luego, por muchos años fue el mejor jugador de USA, con 10 de handicap, entrando por ésto al Hall de la Fama.
Dr. Sola y Michi Gracida celebrando 25 años
después de la UCIN
Mimi y Memo Gracida, los padres de Michelle siguieron en contacto con el Dr. Sola por un tiempo. Michelle crecía de manera saludable y el Dr. Sola la vió un par de veces. Luego de varios años sin verse Mimi buscó y encontró al Dr. Sola, en los Estados Unidos de América, en UCSF. Él luego los visito en Florida, donde viven. Michelle tenía 13 años y era una bella adolescente, con un crecimiento y desarrollo bien normal, y que altura lo había pasado al Dr. Sola. Fue un momento emotivo para ambos. A Memo se le ocurrió preguntar al Dr. Sola si quería montar a caballo y que “taqueara” con él y otros de su grupo polístico.
Dr. Sola jugando al polo
Entonces el Dr. Sola vivió “un sueño que se hizo real” y volvió a subirse a un caballo y pudo practicar con una super estrella del polo. Mimi y Memo le prestaron caballos, monturas, tacos de polo, y más. Este fue el comienzo de cómo el Dr. Sola volvió al polo. Tiempo después le enviaron desde Florida a San Francisco dos caballos de polo con todo el equipamiento, siendo ésto una gran sorpresa. ¡El Dr. Sola no tenía idea donde ubicar a los caballos!
Desde entonces el Dr. Sola ha jugado en distintas prácticas de polo y torneos de bajo handicap, en Santa Rosa, Los Ángeles e Indio, en California, y también jugó en Palm Beach, Florida los torneos de “La Herradura” organizado por Memo Gracida. El Dr. Sola no pudo jugar al polo mientras trabajó en Emory, debido al trabajo que le insumía mucho tiempo y el poco tiempo que le quedaba lo repartía con la familia y no los deportes. En la actualidad monta y “taquea” cada vez que viaja a la Argentina.
Dr. Sola jugando al polo
Hace poco visitó a su amigo de “medio siglo”, Juán de Elía en la Estancia San Martin, lugar donde comenzó a jugar al polo y donde veraneaba hace más de 35 años. Después de 5 años de no jugar un partido de polo ni una práctica, volvió a jugar con Juán durante tres días el pasado enero en el “Polo Familiar”. Fue divertido, emotivo y muchas amistades, y todo alrededor del polo. El Dr. Sola no pierde las esperanzas de poder jugar con mayor frecuencia en un futuro cercano.